viernes, 5 de octubre de 2007

¿Que está pasando en Birmania?

BIRMANIA (UNIÓN DE MYANMAR) La democracia secuestrada
Por SONIA APARICIO

Nombre oficial: Unión de Myanmar (antes Birmania).
Capital:Pyinmana; hasta noviembre de 2005, lo fue Yangón (Rangún).
Sistema de gobierno: Consejo MilitarJefe del Estado:General Than Shew, presidente del "Consejo para la Paz y el Desarrollo del Estado".
Desde el 23.04.1992 (Gobierno en el exilio: NCGUB, Coalición Nacional de la Unión de Birmania, constituida tras las elecciones de 1990 y reconocida internacionalmente desde 1991, cuando Aung San Suu Kyi recibió el premio Nobel de la Paz).
Población: 42.909.464 (est. julio 2005) Superficie: 676.000 km²Idioma: el myanmar (birmano) es el oficial. También se hablan otras lenguas tribales como el karen y el shanReligión:Budista (87%). También hay minorías animistas, musulmanas, hindúes y cristianas

CONFLICTO: El país está gobernado por una Junta Militar que, tras negarse a reconocer los resultados de las elecciones de 1990, ejerce una fuerte represión sobre los grupos opositores al régimen, acusado, además, de violar los derechos de las minorías étnicas.
Los 14 estados que componen la Unión de Myanmar, antigua Birmania, no han podido escapar de la dictadura castrense que ha regido sus destinos desde 1962, a pesar de que en 1990 la Liga Nacional por la Democracia (NLD) logró el respaldo mayoritario en unas elecciones legislativas cuyos resultados se quedaron en la simple anécdota. Porque los militares, derrotados democráticamente en las urnas, nunca 'soltaron' el poder.
La represión contra cualquier vestigio de oposición ahoga al país más grande del sudeste asiático, que junto a Laos y Tailandia conforma el llamado 'triángulo de oro' del cultivo mundial de opio y fabricación de heroína blanca. Además, Birmania es también escenario de la violación sistemática de los derechos de los grupos étnicos minoritarios. Miles de civiles son 'reclutados' por el Ejército para realizar trabajos forzosos en plantaciones, en la construcción de carreteras o para servir de porteadores o mensajeros, según denuncia desde hace varios años la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
Aung San Suu Kyi es la cabeza visible de la oposición al régimen mianma desde finales de los 80, cuando los birmanos despertaron del 'letargo' mantenido durante los 26 años de dictadura del general Ne Win y su partido único, el omnipresente BSPP (Partido Birmano del Programa Socialista). Casi tres décadas después del golpe de Estado de 1962, la política de nacionalizaciones y aislamiento de la «vía birmana al socialismo» de Ne Win había convertido a uno de los países más ricos y prósperos de Asia en uno de los más pobres del mundo. La insostenible situación económica fue el detonante de las protestas prodemocráticas que en marzo de 1998 empezaron a brotar de las universidades.
La dimisión de Ne Win, en julio, y la designación de su sucesor —uno de los máximos responsables del aparato represivo del régimen— avivaron aún más la revuelta. Las actuaciones del Ejército para aplastar la rebelión dejaron una fecha dramática para la Historia: el 8 de agosto de 1988 centenares de estudiantes mueren víctimas de la brutal represión contra los manifestantes en las calles de Rangún.
La necesidad de frenar la fiebre revolucionaria lleva a los militares a anunciar la celebración de elecciones libres. Pero el régimen no esperaba una derrota en las urnas. Aunque la NLD logró 396 de los 485 escaños del Parlamento, los militares se aferraron al poder y se negaron a transferir el gobierno hata que se redactara una nueva Constitución, siempre bajo su aprobación. Los diputados electos de la NLD constituyeron un gobierno en el exilio.
El resto del mundo empezó a tomar conciencia de lo que ocurría en Birmania cuando Suu Kyi recibió, en 1991, el Nobel de la Paz. Para entonces, la hija del general Aung San, popular héroe de la independencia birmana, llevaba dos años bajo un arresto domiciliario que aún duraría hasta julio de 1995. Vigilada siempre de cerca por el régimen —que durante años ha intentado forzar su exilio voluntario—, volvería a estar detenida entre septiembre de 2000 y junio de 2002. Entonces, al igual que tras su primera liberación, surgieron nuevas esperanzas de avanzar en el diálogo para la reconciliación nacional. Pero la realidad es que nada nada ha cambiado en Birmania.
La represión política continúa a la orden del día y, en mayo de 2003, Suu Kyi fue detenida de nuevo y retenida en prisión durante más de tres meses. En septiembre de 2003, la líder opositora comenzó una nueva etapa de arresto domiciliario —prolongado hasta hoy a pesar de las presiones de la comunidad internacional—. En su prisión particular, el 19 de junio de 2007 Suu Kyi celebró su 62 cumpleaños.
El 20 de mayo de 2006, las autoridades birmanas permitieron el primer contacto internacional en tres años con la líder opositora, que se entrevistó con un enviado especial de Naciones Unidas. La noticia fue recibida con optimismo dentro y fuera de un país que volvió a sumirse enseguida en el olvido de la comunidad internacional.
Los birmanos logran que el mundo vuelva fijarse en ellos en septiembre de 2007: miles de monjes budistas se echan a la calle contra la Junta Militar. Lo que empezó como una protesta de trabajadores y estudiantes contra la subida del precio del petróleo se ha convertido en el grito desesperado de un país sometido a un gobierno ilegal y represivo que dura ya cuatro décadas y media